Experiencias con raquetas de nieve en el Valle de Liébana

Muntania Outdoors propone varias actividades de senderismo invernal con raquetas de nieve en los enclaves mas destacados del valle como son Fuente De y Puerto de San Glorio, tomando como base la localidad de Potes.

El programa parecía ideal para nosotros, pues nos permitiría conocer buena parte de Picos de Europa en invierno,  sin tener especiales  conocimientos técnicos de progresión en terreno invernal.

Unos días antes de partir tuvimos una mala noticia: Al parecer se había inscrito al viaje un tal “Bruno”, a ultima hora. Quisimos curiosear a este inesperado compañero en redes sociales. No tenia Facebook, pero finalmente encontramos su -amenazante- perfil en AEMET. Se presentaba a sí mismo como “Profunda borrasca. Riesgo importante por viento, nevadas,  fuerte oleaje y riesgo extremo. Vientos entre 80-120 km/h. Hay avisos de nivel rojo/naranja (riesgo extremo) en tres provincias —Cantabria, Bizkaia y Gipuzkoa”. Con cierta ironía, Bruno prometía dejar a salvo de sus efectos a la Comunidad Canaria (¡La nuestra!).

Nada podíamos hacer para remediarlo, AEMET confirmaba al 100% que Bruno no solo le había dado a “me gusta” al perfil de Muntania, sino que además había pinchado en “asistiré”  precisamente al evento de Senderismo invernal de Valle de Liébana, los mismos días que nosotros.

La suma de dos Canarios en dirección a la nieve y una borrasca acercándose solo puede dar lugar a resultado: Unos petates enormes llenos de “porsiacasos”.  Por suerte, el alojamiento reservado en Potes tenía espacio de sobra.

Bruno produjo otro efecto, que se manifestaba por las noches: Nuestro Guía, Pedro, se acostaba tarde, trabajando con su ordenador para   preparar alternativas a las rutas prevista en el programa. Cuando por fin terminaba,  ya cansado…. comenzaba a trabajar en la alternativa a la alternativa.

En el primer día de ruta estaba previsto un clásico que nos apetecía mucho: Subir en el teleférico de “el cable” de Fuente dé y caminar hasta el refugio de “Cabaña Verónica”.

Como nos temíamos, Bruno no lo permitió: Ya en la base del teleférico se sentía un fuerte viento, que se intuía peor en cumbre, y no paraba de nevar. Nos informaron allí de que el teleférico no funcionaría ( y, también,  de que “no esta la cosa pa salir a ningún lado. Vayan a la Cafetería”).

Pedro, un hombre de recursos, planteó una alternativa de ruta partiendo desde la base del teleférico, ascendiendo a un collado cuyo nombre no importaba ese día, pues no se veía ni el propio collado, ni nada más allá de diez metros a la redonda.

Tras media hora de ascenso con fuerte ventisca, intensa nevada y casi nulas vistas, en un día totalmente cerrado por la niebla, comencé a preguntarme si merecería la pena continuar en esas condiciones, no peligrosas, pero sí incomodas.

La respuesta llegó por si sola: Desapareció la sensación de incomodidad y, como si se parara el tiempo,  nos invadió una gran calma. El ojo no encuentra impureza, ni fealdad. No hay dia, ni noche.  Luces, ni sombras. Uno de esos momentos mágicos del sentimiento de la montaña.

Vino a mi mente un Haiku  de Matsuo Bashoo:

“La desolación del invierno

En un mundo de un color,

El sonido del viento”.

Aunque la cámara pretendía color, la fotografía salía en blanco y negro: El negro de esqueletos desnudos de hayas y robles. Y el blanco, que cubría todo lo demás, entre la niebla.

Llegar o no al collado no tiene importancia cuando te rodea la magia de infinitos copos, cada uno único, pero efímero. O fue una ensoñación causada por el  sentimiento de la montaña o me echaron algo en el Camelback.

Lo que parece una contrariedad puede ser una oportunidad, y así fue ese precioso día.

El  objetivo de la segunda jornada era subir al Pico Coriscao, en una alternativa trazada por Pedro, ante la meteo, que continuaba siendo pésima.

No llegamos demasiado lejos: Muchísimo viento y una incomoda agua-nieve que te calaba hasta los huesos. Por mi parte, lo ví como una oportunidad para acumular experiencia y testear el equipo (de no ser por Bruno, hubiera tardado mucho más en enterarme de que esos pantalones no evitan que me moje el culo, si llueve lo suficiente). Durante el resto del día pudimos visitar el Monasterio Franciscano de Santo Toribio y sus alrededores.

En la tercera jornada pudimos ascender al Pico de El Naranco, desde el Pueblo leonés de Llanaves de la Reina. Esa ruta tiene casi todo lo que un montañero puede pedir: Un pueblo “fantasma” (en esa fecha) de exquisita arquitectura tradicional (LLanaves), un refugio sin guardar que nos permitió comer resguardados del viento, excelentes vistas del macizo central y oriental de Picos, más una impagable soledad, pues hay menos visitantes en estas zonas menos conocidas.  Una jornada fantástica.

El cuarto día de actividad fue un autentico premio. La ruta que no pudimos hacer el primer día: Partiendo desde la estación superior de El cable, dirección Cabaña Verónica. Esta vez, por fin, el sol brillaba radiante.  Una sobredosis para los sentidos. Vistas de imponentes gigantes de caliza como el Tesorero, Horcados Rojos, Peña vieja etc… Un patio de juegos que no parece real, sino dibujado.

Nuestros agradecimientos a Muntania Outdoors y al Guia, Pedro V.H.,  buen profesional y mejor persona, que demostró ser flexible y paciente.

Sara de Paz y Rubén Cáceres.

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