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Mi primer Urriellu

Hace ahora más o menos un año visité por primera vez los Picos de Europa. Guardo innumerables recuerdos; fantásticos recuerdos, pero quizá el mejor fue cuando subimos a ColladaBonita y ahí estaba: el Urriello. No me lo esperaba. Allí seguiríamos disfrutando de su vista aún hoy. Y, me prometí que tenía que disfrutar de las vistas que su cima me ofrecería. Y en ese justo momento se empezó a gestar un proyecto: escalar el Urriello.

10703923_717279721642884_4024233055619459523_nEste septiembre era mi día “U”: Urriello. Pero una lesión estuvo a punto de dar al traste con mi sueño. Gracias a Hugo y Muntania pudimos retrasarlo una semana, tiempo suficiente para una recuperación aunque no completa, suficiente.

La noche anterior releía mi guía, a la mañana siguiente haríamos la Directa de los Martínez, prácticamente no puede dormir, estaba nervioso… “me habría embarcado en una empresa para la que aún no estaba preparado”… (no habría salido a escalar a roca más de 5 ó 6 veces y siempre deportiva y vías de un solo largo, y practicando bulder un año escaso) y esa idea quería apoderarse de mi cabeza según hacíamos la aproximación.

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Ya estábamos junto a la base y un hormigueo me recorría por todo el cuerpo, no eran nervios… era responsabilidad: no quería defraudarme a mí mismo, ni tampoco a él: esa majestuosa e impresionante mole. Ahora tiendo perfectamente a la gente que me había hablado del Urriello, seguramente haya montañas para escalar más bonitas (perdón por este sacrilegio) pero ésta tiene un algo que se aferra a tu alma y te marca para siempre. La idea era hacer la Sur y, al día siguiente la Pidal-Cainejo.

10616540_716646961706160_4706082172954014663_nY de repente ya había superado el primer largo (V). Todo iba bien. Me había unido a la roca en comunión y me había dado su permiso. Iba a permitir que mis manos y mis pies tocaran su milenaria piel. Se había establecido un respeto mutuo. Siento que se ha establecido un vínculo entre nosotros: nuestros corazones laten al unísono.

Hay un momento en que dejo de pensar “Uff, un largo menos” y comienzo a pensar “…que pena, ya hemos terminado otro largo”. Disfruto con cada cambio de pie, de mano… miro abajo, miro arriba… “qué pequeño soy”, cómo estoy disfrutando. Alcanzar la cima ha dejado de ser el objetivo.

10678748_717279778309545_4321084065764260256_nPorque ahora noto su tacto en mis insignificantes dedos y su alma forma parte de la mía Y, penar, que mañana voy a poder disfrutar de nuevo de ella. Llegamos al anfiteatro y, en un momento a la cumbre.

Cumplimos con los rituales de abrazos y felicitaciones. Nos hacemos fotografías, que nunca podrán plasmar todo lo que siente en ese momento.

10659234_717279638309559_884991153514642567_nEsta roca que me ha acogido como a tantos otros escaladores en su seno. Al día siguiente haremos la Pidal/Cainejo. He dormido bien. Estoy feliz. Hacemos la aproximación, tengo sensaciones y sentimientos parecidos. Pero conforme me acerco más entro en un
estado de tranquilidad y paz. La miro, me mira… esta roca me respecta, porque la respeto. Me recreo en cada movimiento, en cada cambio de pie… llega la famosa “panza de burra” y la gestiono lo mejor que puedo, ella es la que me permite que logre un pequeño triunfo personal. Esta roca es agradecida con quienes la respetan.

Pero, todo lo que tiene un principio, también tiene su final.

Tras el último rápel y quitarnos todo el material, me acercó y la abrazo y le doy las gracias; pero esta vez no le digo “hasta mañana” con el día anterior. Y, al apartarme, ya no la siento en mi pecho. Le digo “Adiós”, pero ya no me responde.

10605995_716287498408773_1715560469261352355_nUnos pasos más abajo, vuelvo la cabeza y ahí está: el Urriello, orgulloso de sí mismo, y no puedo más que dejar escapar una lágrima y decir: “Perdón, quería decir: hasta pronto”.

Gracias a Muntania y a Hugo, cuya participación lo ha hecho posible… por este viaje y por los inicios: cuando hicimos un curso de escalada; y, gracias también a Laura, quien me animó a que probara la escalada.

Juan Carlos Esteve Agueras